Hoy introduzco una nueva categoría en la que, autobombo total, voy a hablar sobre mis propios cortos.
En este post os voy a contar algunas cosillas sobre mi último trabajito, “el 30 segundos“. Se trata de una comedia rodada con el móvil (mi flamante iPhone, jejeje), con una duración de un minuto y sin ninguna producción.
Antes de contaros más, echadle un vistazo y luego os lo destripo.
Últimamente me ha dado por los microcortos. Pequeñas piezas que me permiten seguir en activo como “contador de historias” y que puedo rodar fácilmente sin quitarle tiempo a mis clases y a mi tesis. Ya sabéis que la dirección no es más que tomar decisiones, y como tal es un músculo que si no lo ejercitas se adormece. Por ello hoy en día prefiero rodar estos microcortos optimizando mi tiempo y mis esfuerzos a estar 2 años con un proyecto más ambicioso que me dé dolores de cabeza. Quizá de aquí a un tiempo me canse de estas mini historias y decida levantar algo mayor, pero hoy en día me parece todo un reto condensar en tan poco tiempo una historia.
Normalmente ruedo mis micro piezas para ser presentadas en el Notodofilmfest, festival de cortos por internet muy cuco y agradable. Pero este año di con el Movilfilmfest, otro concurso de la web pero para cortos rodados con móvil. Me pareció un reto interesante y me puse a ello.
Como mis cortos anteriores se enfocaban hacia el suspense y el drama, esta vez intenté hacer una comedia (¡dentro de lo que 60 segundos te permiten!)
Lo primero fue diseñar las características de producción que me apetecía que tuviera el corto. Esta vez lo tenía muy claro: Quería rodarlo en mi casa y sin actores (¡toma ya!). Así que utilicé una de las técnicas de generación de ideas que me viene muy bien a veces, que es la observación de objetos y espacios que te rodean: funcionalidades de las habitaciones, potenciales conflictos con los objetos que veía, y de esa forma di con dos historias que podría contar.
A pesar de dar mil vueltas a esas ideas, no acabaron de “enamorarme“. Algo que me parece absolutamente indispensable para intentar hacer un buen corto es conseguir una historia que realmente te apetezca contar. No tiene que ser la historia de tu vida, pero sí que te tiene que ilusionarte lo suficiente como para poder transferir esa ilusión al público. Si ni siquiera a ti te gusta tu propia historia, ¿cómo esperas que le guste al espectador?
Total que me tumbé en mi cama, algo frustrado. Y de pronto ví delante de mi la rejilla, y vino a mi mente la frase “Psssst! …..¡Oiga!” como si alguien estuviera escondido detrás. Y lo curioso es que me reí con la idea. Y ahí empezó todo. Que si era el vecino de arriba, que si el amante, que si el 30 segundos….
Analizando posteriormente mi proceso de asociación de ideas, creo que me vino eso a la cabeza lpor aquella serie de dibujos en la que unos seres vivían en los conductos del aire acondicionado: “los Diminutos“. No logró entender cómo mi mente acudió a ella en lugar de a Mazinger Z, Comando G, ¡o por lo menos a Heidi! pero a los “Diminutos”….
A diferencia de la serie, mi rejilla no era la del aire acondicionado, sino el acceso al motor de la bañera (de ahí que funda a negro justo cuando se quita la rejilla…) Sé que no tiene glamour descubrir estas cosas, pero para eso estamos aquí, ¿no? Ya sabéis que lo que contamos no debe ser verdad, sino verosímil (ya hablaré de eso en otro momento…)

esto es como descubrir los trucos del mago…
Redacté el guión, de casi dos páginas (¡ala!), lo pasé por varios “test de calidad” (algunos alumnos y sobre todo mi compañero y profesor de guión Javier Figuero), y acabé grabando la 4ª versión del guión.
Como eran los diálogos los que contaban la historia, decidí grabarlos primero, antes que la imagen. Nos reuní a los tres y ensayamos hasta conseguir el ritmo frenético, adecuado para el tono desmedido que quería. Algo que yo creo que es imprescidible para que una comedia funcione, es que el guión provoque risas incluso en el momento de ser rodado. Eso es muy buena señal. Si el operador de cámara, o algún otro miembro del equipo se ríe durante el rodaje, vamos por el buen camino. Y la verdad, ¡los 3 actores nos reímos de lo lindo mientras lo grabamos!
Una vez editado el audio, lo escuché a través de unos altavoces en el dormitorio, y a modo de “playback” rodé los dos planos, sincronizando mis movimientos con el iPhone con el audio que escuchaba. Vuelta a la “sala de montaje” de mi Premiere, y ahí está el corto.
Tiempo invertido en él: una tarde dándole al coco con la idea y el guión, una hora grabando el audio, y otra más rodándolo el finde en casita, con mi mujer, que tuvo que soportar estoicamente mis “maneras de Director”. Evidentemente así no vas a rodar la historia de tu vida, pero te mantiene activo a la hora de tomar decisiones narrativas (que aunque parezca que no, ¡haberlas haylas!).
¿Y con respecto al rodaje con el móvil? Pues la mar de bien. La calidad es la que es (con este móvil, y con el software de grabación que usé en ese momento), pero eso de llevar la cámara en el bolsillo y saber que en cualquier momento que tengas “mono” de rodaje puedes desenfundar y disparar, es la mar de reconfortante.
Y por último me gustaría animaros a todos a hacer microcortos. ¡Más vale un microcorto en mano que cientos largos volando!