Ene
Por lo visto no expliqué suficientemente bien en clase la teoría del Iceberg.

Dedicado a James Cameron
Ayer estuve analizando los guiones literarios de los segundos cortos de los alumnos del postgrado de cine del CEU. Anteriormente habíamos ya analizado la idea argumental (de hecho les digo que me traigan varias, y así seleccionamos la que tiene mayor potencial) y también habíamos definido la evolución narrativa de cada estructura.
Y por fin ayer leíamos las primeras versiones de los guiones literarios. La finalidad pedagógica de estos segundos cortos es la narración a través de la dirección de actores y de los diálogos (no como sus primeros cortos que rodaron hace unas semanas, que consistían en manejar la narración visual sin recurrir a diálogos).
Pues bien, a pesar del trabajo previo que habíamos hecho con cada corto, que nos permitió tener ideas muy jugosas, aparecieron de nuevo los mismos errores que frecuentemente suelo ver en los primeros borradores de los guiones que leo cada año (que son unos cuantos…): Los diálogos no son capaces de reflejar la personalidad y la actitud de los personajes. De hecho, hay veces que uno debe fijarse de nuevo en quién a dicho qué, por que se podría permutar algunas frases de los personajes sin que hubiera ningún cambio en la historia. No es únicamente que los personajes no tengan personalidad propia, sino que a veces ni siquiera están suficientemente contrastados entre ellos como para que el lector siga con claridad la trama.
Sin embargo este problema tan títpico en un cortometraje no suele darse en los primeros borradores de un guión de largometraje, donde los personajes suelen estar mejor definidos desde su primera secuencia. Y me paré a reflexionar por qué.








