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Hay un dicho que establece que la gente inteligente se caracteriza por rodearse de gente más inteligente que ella.
Eso es lo que creo que debe hacer un buen Director, arroparse por el mejor equipo posible. Solo los necios y los Directores charlatanes (que en este mundillo hay de ambos…) les gusta tener a su alrededor a una troupe de ineptos adoradores. Pero hay veces que uno cree rodearse de magníficos profesionales, y por desgracia no es así. Y tenemos que estar preparados para solucionar eso. Dentro del sinfín de posibilidades ruinosas que pueden darse en un rodaje, lo que más trae de cabeza al Director es tener a un actor que no le convenza.
De ahí que se hagan castings y todo tipo de pruebas, para que luego en el rodaje el actor no nos salga “rana”. No olvidemos que transmitir “verdad” a través de la interpretación es una tarea sumamente difícil, y de la que no todo el mundo tiene el don.

El Don.
Hay veces que uno ni siquiera ha podido elegir el actor, sino que ha escogido al que estaba “disponible” para las fechas de rodaje (algo bastante común en el mundo del corto), y luego nos encontramos delante de la cámara con el “pastel”.
Esa es una situación que suele hacer entrar en pánico al Director inexperto, por lo que hoy quiero explicar una serie de trucos de Dirección de Actores que podemos poner en práctica para salir airosos.
En primer lugar, doy por sentado que el subtexto de la secuencia es el correcto y que el actor está al corriente de él (en otro momento trataré de la fase de análisis del guión, que es la piedra angular para obtener una buena interpretación). No hablo por lo tanto del periodo de búsqueda del tono o el ritmo de la secuencia durante los ensayos, sino de algo más profundo que afecta a las propias bases de la capacidad interpretativa del actor.
El principal problema con el que nos solemos encontrar es el de la sobreactuación. Esto puede suceder cuando el actor proyecta demasiado su voz, lo que hace inverosímil la interpretación ya que el micro va a captar esa sobreproyección y va a parecer muy exagerado para el espectador, puesto que en la realidad no se habla de esa forma. La solución a eso suele ser bastante sencilla. No es una cuestión de “volumen” , sino de intensidad dramática. Por lo tanto, hay que quitarle importancia a los subtextos y a las intenciones que tiene el personaje. El actor las marca tanto que pierde verosimilitud. Digamos que hay que hacer ver al actor que debe “rebajarle” un poco las emociones del personaje. De esa forma dejará el ” a Dios pongo por testigo” y volverá a unos niveles dramáticos creíbles. Hay que partir de la premisa de que en la vida real todos ocultamos nuestros sentimientos, nunca somos un libro abierto, la cosa no funciona así.

un prenda recitando su texto
Si aún así la sobreactuación existe, una táctica muy buena es pedirle al actor que “hable para sí mismo“, sin buscar ser escuchado por su interlocutor. Ojo, esto no quiere decir que él no lo escuche. De hecho ese es otro gran problema de la interpretación, cuando un actor no escucha al otro y recita sus frases sin pensar. (La solución es sencilla : “¡¡Párate y escúchale!!”)
Pero no todos los problemas nacen de la sobreactuación. En ocasiones nos encontramos con actores que no es que se pasen, ¡es que no llegan! Y por mucho que les hablemos de motivaciones de personajes, de intenciones, de subtextos, no logran transmitir nada. Entonces podemos usar las modificaciones creativas (¡que a mi personalmente me encantan!), que consisten en proponer al actor una situación ficticia que va a aportar nuevos matices a la interpretación: Se trata del “como si…” Por ejemplo, “Hazlo como si fueras a perder el autobús” o bien “imagínate que te atrae” o hasta “él es el que te robaba el bocadillo en el cole“. Estas situaciones permiten al actor centrarse en nuevos matices que pueden dar más fuerza a su interpretación.
Por último, nos queda la manipulación del actor a modo de marioneta. Esto es muy práctico cuando al actor le falla la técnica. Para que esto funcione, tenemos que dominar el arte de la comunicación no verbal, para poder transmitir aquello que el actor no siente, pero que el personaje sí debería sentir, a través del lenguaje corporal y la entonación: “ponme un respiro aquí” , “hazme una pausa allá“, “acaba esta frase con puntos suspensivos…“Hay que tener mucho cuidado con esta técnica, por que puede quedar muy forzada y nada fluida, así que debemos conocer muy bien lo que nos traemos entre manos para que esto funcione.
Pero estas técnicas no son sino “parches” y no deben ser por lo tanto la regla, sino la excepción. Un actor sólido ya tiene todo eso en mente a la hora de interpretar, y no haría falta adentrarse en este terreno tan pantanoso. Como Directores tenemos que estar preparados para todo, y esto también es parte de nuestro trabajo. Sin embargo, el mejor truco sigue siendo aclarar los subtextos y que Stanislavski haga el resto.
Tags: Dirección de actores, stanislavski







3 Responses so far to "¡S.O.S mi actor no es bueno!"
Abril 1st, 2008 at 18:02
haha, genial la frase final jorge! Y que dices de los verbos de accion que uno le puede dar a un actor? Yo me doy cuenta que eso seria como darle un objetivo claro, ponerle un “motor” dentro que le hace actuar de una forma o la otra. Como “defender, acusar, seducir, desafiar etc…”
Abril 1st, 2008 at 19:54
Otro día hablaré más concretamente de los métodos para dirigir a los actores “normalmente”, y entre ellos, de los verbos de acción. Quería escribir este post “apaga fuegos” por que en los talleres de dirección de actores que han hecho los alumnos del Postgrado han tenido algún que otro incendio que sofocar…
Abril 11th, 2008 at 13:21
Buenas!!! Aún no he tenido de leerme detenidamente el blog pero tras un vistazo por encima tiene muy buena pinta.
Simplemente mandar un saludo y felicitaciones al gran creador del blog: Maestro Jorge-Yoda.
Participaremos activamente en el blog con nuestras pajas mentales.
Que la fuerza os acompañe!